Los orígenes de La Vaquilla

Locos, creían que estábamos locos cuando decíamos que la fiesta de la Vaquilla tenía que ser de origen vetón. Sin embargo, la documentación de la declaración de la fiesta de la Vaquilla como Bien de Interés Cultural (BIC) es bastante clara a este respecto y dice que la fiesta tiene un origen prerromano, por lo que, según la distribución de los pueblos celtas en España, la zona de Fresnedillas estaba ocupada por el pueblo vetón.

La presencia de los vetones está documentada muy cerca del pueblo, tanto en El Escorial como en San Martín de Valdeiglesias.

Aunque se conoce poco de la religión vetona, sabemos que como pueblo ganadero tenía especial relación con los animales y es por eso que una de sus señas de identidad son los llamados «verracos», como los toros de Guisando. Además, en el pequeño panteón vetón, Cosus, el dios representado como una vaca, ocupa un lugar privilegiado.

 

Los vetones ocuparon nuestras tierras hasta el año 139 a.C, cuando los romanos los asimilaron. En ese año Apiano comenta Cepión dirigiéndose contra los vettones y galaicos devastó sus campos.

 

Con la romanización, los vetones empiezan a perder sus características y se normalizan dentro del imperio romano; sin embargo, la romanización en la Península permite que los pueblos ocupados mantengan sus cultos locales e incluso muchos de los cultos se asimilan, por lo que durante la época romana la pervivencia del rito no debió ser ningún problema aunque se debió integrar en los ritos romanos, probablemente dentro de las Lupercales.

Durante la cristianización, la iglesia trató de hacer desaparecer muchos de los cultos paganos de la Península, pero como estaban tan arraigados «los cristianizó» de diversas maneras.

Ya en el primer cristianismo, en el año 471 San  San Agustín alude en su sermón sobre las Kalendas a las fiestas en las que el hombre tomaba la forma animal, sobre todo de Ciervo, Vaca o cabra

“¿Hay locura mayor que la de cambiar, con un vestido deshonroso, el sexo viril para adoptar la figura de una mujer? ¿Hay locura mayor que cantar con irrespetuoso deleite las excelencias de los vicios con ritmos lascivos y poesías groseras? ¿Mayor que vestirse con una piel de animal, semejarse a la cabra o al ciervo, de forma que el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, se parezca al demonio?.

 

Casi 1000 años después  en el Sínodo de Ávila, de Alonso de Fonseca, celebrado en1481 se prohíbe que en los días de S. Estevan y de sant Juan Evangelistay de los Innocentes y en otros dias festivales de por el año y en las missas nuevas y en otras cosas semejantes, diziendo la missa y los otros divinales officios, salen y acostumbran fazer çaharrones, y vestir hábitos contrarios a su profession, los omes trayendo vestiduras de mugeres y de frayles y de otros diversos habitos y ponerse otras cossas de las que nuestro Señor les quiso dar, faziendose homarraches, y dizen muchas burlas y escarnios y cosas torpes y feas y desonestas de dicho y de fecho…”

(García y García, 1993, 130)

Pero la fiesta de Fresnedillas sobrevivió, como muchas otras a las prohibiciones de la Iglesia y en algún momento de los últimos 500 años incorporó a San Sebastián a este ritual, crisitianizando la fiesta y garantizando así su supervivencia hasta nuestros días.

Hoy está considerada por los historiadores en la actualidad como un rito de paso celta una fiesta de “fratria” que simboliza el paso de los “quintos a la edad adulta. Aún hoy, las tres edades están bien representadas en la fiesta, con la fiesta de los niños, la de los mozos y la de los casados.

Muchas de estas fiestas están también asociadas al sol, al final del invierno. La mayoría de las fiestas con cencerros se celebran en torno a san Sebastián, la Candelaria y san Blas, como si de un calendario solar se tratara. Curiosamente, la tradición local utiliza estos santos para marcar un calendario ganadero:


Para reyes, lo notan los bueyes, para san Sebastián una hora más, para la Candelaria, hora y media larga y para san Matías se igualan las noches y los días.

TEXTO: ANA ALDEA

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