El día de Cosus. Historia ficción de una fiesta de la Vaquilla en época vetona.

Los primeros rayos del sol coronaban el cerro.Era la señal.  Bajo sus pies el campo crujía de escarcha y los charcos lucían hermosas capas de hielo. Al volver de Obila, Tago había aprendido a  hablar con los espíritus.

Rodeó las cuatro casas que le separaban del altar y suavemente, hizo sonar las cencerros que descansaban en puerta. A su llamada, todos los mozos acudieron en silencio.

Juntos recorrieron el sendero hasta Navalqueixo. En silencio y bajo  las órdenes de Tago empezaron a amontonar leña en el carro  hasta que el último rayo de sol se  escondió tras la Almenara. Tago no quitó ojo durante al día a los que aquel año habían bajado por primera vez.

-Aldair, Alucio,  Lug un paso al frente.

Les rodeamos y les lanzamos sal, que recibieron con alborozo. Purificados y fertilizados por la sal, dejaban atrás el terreno de la infancia. Después de Beth, podrían dormir en la cama  con una mujer.

A las puertas del castro, donde enterramos a los muertos encendimos la luminaria. Poco a poco, el resto del pueblo se fue acercando al calor. Algunos empezaron a cantar, otros a bailar. Y el alba nos  sorprendió alrededor de la lumbre.

5 días después, el último ascua se apagó. Era la señal que estábamos esperando. Sin decir palabra, aquella noche con los cencerros a la espalda salimos a rodear el castro. Tago había sido claro: había que tocar hasta que  el fuego llegara a Mercurio.

Pasaron casi 14 días. Cuando el sol se ponía detrás de la Almenara,  salíamos con los cencerros de las vacas a la espalda a espantar a los espíritus de los muertos. Temíamos que alguno se quedara entre nosotros. Nunca pasaba, pero siempre lo temíamos.

Teníamos que repetirlo, día tras días hasta que el cielo nos avisara de que los muertos nos habían abandonado. Aquella noche vimos la señal:  Mercurio ardía. Acaba el mes de Beth. Había funcionado. Satisfechos, nos fuimos dormir. Juntos, en silencio.

Aún nos  quedaba tarea.

Al alba, Tago  vistió a Aldair con pieles de Vaca como si de Cosus se tratara, hasta  le puso una cornamenta. Le ungió con ceniza y  Aldair echó a correr. Le perseguimos a la carrera hasta las fronteras. Llegamos al camino de Robretum, pero esta vez nadie nos esperaba. Una batalla que nos ahorramos.

Cuando el sol tomó el camino de la Almenara, Tago esperaba sobre el altar. Aldair se acercó. Se despojó de la piel, de la cornamenta y se tumbó en la piedra.  También su madre se acercó. Ofreció un ternero. Con el último rayo de sol,  Tago pasó su afilado cuchillo por el cuello del Aldair. Mató el ternero.  Dejó que algunas gotas de sangre cayeran sobre la pila de piedra y lo mezcló con vino. Lug, Alucio y un asustado Altair bebieron primero. Después se acercó el resto del poblado. Cantamos y bailamos. Como el abedul, el campo renacía. Otro año más el sol había ganado a las tinieblas.

TEXTO: ANA ALDEA

 

1- Vetones Los vetones (en lat. vettones) fueron el demónimo que los historiadores griegos y romanos emplearon sobre el conjunto de los pobladores prerromanos de cultura celta que habitaban un sector de la parte occidental de la península Ibérica y que compartían un denominador más o menos común. Su asentamiento tuvo lugar entre los ríos Duero y Tajo, principalmente en el territorio de las actuales provincias españolasde Ávila y Salamanca, y en parte de las de Cáceres, Toledo y Zamora

2-  Olbia, nombre que recibía Ávila en época vetona.

3-Beth, mes del abedul en el calendario celta del 24 de diciembre al 20 de Enero

4- Cosus. Los vetones adoraban a este dios como el de la guerra, el de la virilidad y el del tiempo atmosférico. Era caracterizado con forma taurina, como otra deidad indígena de la Península ibérica,Bandua, al que se le considera equivalente

 

 

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