El “Salzburgo español” programa ofertas para asadores y hoteles

Cuando en 1999 el melómano Alberto Ruiz-Gallardón —por entonces presidente regional— puso la primera piedra del Auditorio de San Lorenzo del Escorial, se propuso que este fuese el “Salzburgo español”, en referencia a la ciudad austríaca que es uno de los centros mundiales de la música clásica. Pero el auditorio se inauguró en 2006 con cuatro años de retraso y unos gastos de ejecución disparados: de 29,6 millones a 99,5. Hoy, ocho años después, es un espacio semicerrado que no representa ninguna función desde agosto, no informa de su Festival de Navidad y rellena su programación con ofertas gastronómicas y de alojamiento acordes a años de crisis.

Los espectáculos han caído en cuatro años de 33 a 22. Pero han aparecido otras ofertas. En su web oficial se cuelan ahora descuentos de un 10% en un mesón y un asador de la zona, así como en cinco hoteles, si se compra una entrada para un concierto. No obstante, la oferta no incluye el menú diario en estos locales, sino que hay que comer a la carta para acceder a los descuentos que anuncia la web de la Comunidad. También aparece una invitación a una galería de arte —en San Lorenzo hay varias—, pero en esta ocasión la compra de la entrada para el auditorio no asegura ningún tipo de descuento.

Este centro de música es gestionado por una empresa privada desde 2009, pero el contrato acaba ahora y tiene que salir a concurso para los años 2015 y 2016. El pliego incluye también la gestión de los Teatros del Canal y un presupuesto conjunto de 18,6 millones de euros.

La Consejería de Cultura y Empleo —de la que depende el teatro sanlorentino— explica que aún no se sabe qué empresas van a presentarse al concurso. Tras cuatro meses cerrado, en 2007 se hizo cargo una Unión Temporal de Empresas (UTE), en la que participaban los productores Enrique Cornejo y José Luis Moreno y los empresarios Arturo Fernández y Gerardo Díaz Ferrán. Dos años más tarde, Clece, la empresa de servicios de ACS, se hizo cargo. Además de explotar y mantener el auditorio, Clece se ocupa de la vigilancia del edificio, los seguros, la cafetería y la programación mínima obligatoria.

La decadencia del auditorio es tal que UPyD ha pedido explicaciones en la Asamblea de Madrid. El coso de la sierra ha acogido en sus dos salas (1.342 butacas) solo a 12.000 espectadores anuales de media entre 2009 y 2013, frente a los 180.000 de los de las tres salas de Canal (1.773 asientos). En agosto, su máximo de asistencia, rondó el 30%.

Para Juan Luis Fabo, el diputado de UPyD que presentó la pregunta en la Asamblea, no hay ningún interés en la gestión. “Se solapan los estrenos con los del Real Coliseo Carlos III [también de la Comunidad y en San Lorenzo] y no se promocionan las funciones”. En su opinión, es un “fracaso clamoroso que se disfraza con los resultados de los Teatros del Canal”. “Se programan tres o cuatro cosas fuertes y el resto es relleno para cumplir el expediente. No solo son las dos salas. Tiene unos camerinos para estrellas internacionales enormes. ¡Se puede vivir allí!”, ironiza Fabo. La Comunidad gastó 40 millones en las obras y otros 25 millones en el equipamiento de este inmueble.

El contrato estipula que tienen que programarse, al menos, un ciclo de Semana Santa; un festival de verano de cuatro semanas (con tres conciertos sinfónicos, una ópera escenificada, tres recitales y un espectáculo de danza) y un ciclo de Navidad de cinco días. Y la empresa ha cumplido lo mínimo. En total ha habido 25 representaciones en lo que va de año y no hay visos de funciones hasta las de Navidad.

En la cuenta de actividades del auditorio, en el que trabajan 14 personas entre técnicos y administrativos, se añade el uso de sus 26.000 metros cuadrados para ensayos de otras obras y congresos. “En 2013 se utilizó 119 días (28 en funciones y 84 ensayos)”, explicó en la Asamblea el director general de Artes Escénicas, Amado Ignacio Giménez Precioso, “lo que significa que no es un teatro que esté permanentemente vacío o inactivo. Supone una utilización razonable cuando no se trata de un teatro urbano”.

FUENTE: EL PAIS

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