De Madrid a la Luna

“Houston, aquí base Tranquilidad, el Águila ha aterrizado”. Una frase para la historia que, al escucharla, resulta como un viaje en el tiempo hacia el día en que el ser humano puso su huella en la Luna por primera vez. Sin embargo, pocos saben que Madrid tuvo un papel especial en el momento en el que Neil Armstrong pronunciaba esas palabras.

La NASA eligió Fresnedillas de la Oliva, un pueblo al oeste de la capital española, como uno de los enclaves de la Red de Vuelos Espaciales Tripulados. La agencia espacial había dispuesto estas estaciones alrededor del planeta para asegurar la conexión permanente con las naves espaciales y los astronautas del Proyecto Apollo, destinado a poner al primer hombre en la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra.

Este pueblo madrileño ha presentado el pasado miércoles en el Teatro de la Casa de Vacas sus riquezas turísticas. Al acto asistió el astronauta de origen español Miguel López Alegría, quien animó a todos los madrileños a visitar Fresnedillas y disfrutar de su gastronomía, de su Fiesta de la Vaquilla y de su gran variedad de aves, como el buitre negro o el águila imperial. Sin embargo, es otra clase de águila la que este municipio recuerda con especial cariño, el módulo lunarEagle. Así, dedican su Museo Lunar arememorar las vivencias del Proyecto Apollo, de las que esta localidad tuvo el privilegio de ser protagonista.

Aquel 20 de julio de 1969, la Estación de Fresnedillas “monitorizaba no sólo los movimientos de la nave, sino también las constantes biológicas de los astronautas”, explicó durante el acto uno de los técnicos que trabajó en esta estación durante la misión Apollo XI, José Manuel Grandela.

“Hubo problemas para aterrizar, porque no conocían los cráteres y elEagle estuvo sobrevolando la Luna para encontrar el lugar adecuado”, relató Grandela. “Desde Madrid avisamos a Armstrong de que le quedaban 30 segundos de combustible. Si no aterrizaban, no podrían regresar a la Tierra”. En este punto tan dramático Fresnedillas no recibió respuesta de los astronautas, pero los técnicos pudieron comprobar que Armstrong quitaba el piloto automático y alunizaba manualmente.

“Cuando vimos que las patas del Eagle se encendían, sabíamos que habían aterrizado”, cuenta Grandela. “Lo celebramos, hubo papeles y lápices por los aires. Después de eso, Houston tomó el relevo, porque nosotros habíamos dejado de tener contacto. Sin embargo,seguíamos viendo los monitores“, relata.

“Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”. Mientras Grandela escuchaba emocionado y sobrecogido las míticas palabras de Armstrong en el pasillo de la Estación de Fresnedillas, el conserje encargado de la limpieza de las instalaciones se le acercó y sin dudar le dijo: “¿se cree usted algo de eso?, pues yo no”, y acto seguido continuó con su trabajo. Grandela recuerda esta anécdota como “una lección de humildad”.

Sin embargo, Fresnedillas no sólo pasó a la historia durante la misión Apollo XI, sino que estuvo ahí durante todos los lanzamientos. No obstante, hay otra misión que los técnicos recordarán siempre, la del Apollo XVI, pues Houston perdió contacto con los astronautas. “En los monitores pudimos ver cómo se alteraban sus constantes vitales cuando no podían contactar con la Tierra, las agujas de sus electrocardiogramas y encefalogramas empezaron a dispararse, así que tomamos el control porque era peligroso“, cuenta Grandela a este diario.

“Apolo 16, aquí Madrid, no pasa nada. Esto es un problema técnicopero estamos con vosotros”. Acto seguido, John W. Young, astronauta estadounidense al mando de la misión, no pudo contener la emoción: “¡maravilloso Madrid!, ¡precioso Madrid!, ¡qué bien, Madrid…!”.

FUENTE: EL MUNDO

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