Madrid estrena sendas ‘pata negra’

SL-M44001, SL-M44002, SL-M44003… aunque tienen matrícula, no son ningún vehículo. Tampoco esconden las siglas ninguna referencia de GPS, ni fórmulas químicas o cabalísticas. Sencillamente son la denominación oficial de los primeros senderos de montaña homologados en la Comunidad.

La circunstancia resulta cuanto menos curiosa si se tiene en cuenta la antigua tradición caminera madrileña y la ingente cantidad de senderos que acumula la región. Por citar un ejemplo: sólo en la porción central de la Sierra de Guadarrama se concentran más de 500 rutas para realizar a pie en una jornada.

A pesar de tal cúmulo de itinerarios pedestres, hasta la fecha ninguno de ellos había sido homologado. Esto es, todos carecían de la certificación que los clasifica y reconoce su estado adecuado como instalación deportiva. Porque, y esto sigue siendo igual de curioso, los caminos que recorremos son eso: instalaciones deportivas; las pistas donde se practica un deporte concreto, el de la caminata.

El marchamo de calidad ha sido otorgado por la Federación Madrileña de Montañismo, entidad responsable de todo lo relacionado al excursionismo y montañismo, modalidades que se practican total o parcialmente en caminos y senderos.

La homologación de un camino o sendero supone el reconocimiento de una serie de señales que acompañan y definen en todo momento su tránsito, informando y facilitando su recorrido a los usuarios. Se trata de una señalización mediante marcas y señales en el balizado horizontal, y de postes, paneles y flechas indicadores, en el balizado vertical.

Estas señales obedecen a un código internacional absolutamente determinado y que en nuestro país está registrado por la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada, quien cede su uso a las federaciones autonómicas. Las marcas de pintura blancas y rojas (para senderos de gran recorrido, GR), blancas y amarillas (senderos de pequeño recorrido, PR) y blancas y verdes (senderos locales, SL), los paneles explicativos de circunstancias ambientales, naturales, históricas y geológicas y las flechas que señalan rumbos, horarios y distancias, son las más conocidas de ellas.

Una vez trazado el recorrido por el promotor del mismo, éste solicita a la Federación su homologación. Un técnico especializado de la Vocalía de Senderos de la entidad recorre la ruta y analiza calidad, seguridad, fidelidad de las balizas y marcas, así como las demás circunstancias que concurren en los senderos. Solamente si éste cumple todos los requisitos de la normativa internacional, alcanza la homologación, convirtiéndose en un auténtico pata negra para excursionistas y caminantes.

El promotor de los primeros senderos madrileños homologados ha sido el Ayuntamiento de Guadarrama, quien propuso a la Federación de Montaña ocho rutas, logrando la certificación de siete de ellas. La única excluida lo fue por discurrir en gran parte por asfalto y, también, por presentar porcentajes de inclinación excesivos para sillas de ruedas.

En el Ayuntamiento de la localidad serrana señalan que los nuevos senderos son un reconocimiento a los atractivos de los recursos naturales de su entorno. Unos atractivos que son comparables a los del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, si bien los restringidos límites impuestos por la Consejería de Medio Ambiente al espacio natural le han dejado muy lejos de los senderos homologados.

Desde la punta opuesta de la región, en el Sudeste, llegan noticias de otro nuevo sendero, aunque esta vez bastante más desafortunado. Se trata de la ejecución por parte del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente del Camino Natural del Tajo. La desmedida actuación ha supuesto el trazado de una ruta definida «más para la circulación de camiones que para senderistas».

Incómoda, de nulo atractivo y circulando por lugares como graveras, a pesar de su nombre sólo es posible vislumbrar el Tajo en una ocasión. La acción se incluye en el programa Caminos Naturales, cuya totalidad de actuaciones han levantado duras críticas de ecologistas, expertos y deportistas por el severo impacto y transformación de los espacios naturales y caminos históricos que modifican, así como por su gasto económico excesivo.

FUENTE: EL MUNDO

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