El Escorial tolera que la ‘vidente’ lleve dos años enterrada de forma irregular

El Ayuntamiento de El Escorial lleva dos años dirimiendo qué hacer con el enterramiento irregular de Amparo Cuevas, conocida como la vidente de este municipio. Su cuerpo lleva ya ese tiempo sepultado —desde que murió el 17 de agosto de 2012— en un sarcófago de piedra al aire libre en la finca Prado Nuevo. Cerca del fresno que cobijó las supuestas apariciones de la Virgen de los Dolores que transmitía sus mensajes a la humanidad por boca de Cuevas, a modo de vínculo entre el mundo divino y el terrenal.

El 6 de septiembre de 2012, el Ayuntamiento comunicó a los herederos de la vidente y a los propietarios de la finca que debían regularizar “de forma inmediata la situación”. La Consejería de Sanidad había concluido que el punto elegido “no era el adecuado”. La tumba contraviene el Reglamento de Sanidad Mortuoria, porque “las inhumaciones de cadáveres se verificarán siempre en lugares de enterramiento autorizados”. Algo que no ocurre en este caso, una finca en medio del campo con protección ambiental.

A pesar del tiempo transcurrido, el sepulcro de Cuevas continúa en el mismo promontorio, rodeado de flores naturales y pegado a la capilla. Un portavoz municipal contesta a la pregunta del porqué de la tardanza con un escueto:”Seguimos estudiando el expediente”.

La Consejería de Sanidad indica por su parte que el competente para arreglar la situación es el municipio. Y los afectados, miembros de la Fundación Pía Autónoma Virgen de los Dolores, organización que defiende la sobrenaturalidad de las apariciones y que es la propietaria de los terrenos, no hace declaraciones sobre ello. “Por respeto a los familiares, que quieren que se quede en el ámbito de lo privado y lo familiar”, concreta Pedro Besari, portavoz del movimiento de la Virgen de El Escorial. Besari añade que “una cosa es que no sea habitual un enterramiento de este tipo y otra que esté prohibido”. También apela a lo poco común de la figura de Amparo “por la obra que ha puesto en marcha”.

Mientras, la Administración local se toma su tiempo, los fieles de Cuevas estaban convocados a una misa para participar en una misa con motivo del segundo aniversario de su fallecimiento, y rezar el rosario junto al fresno de las apariciones, que muestra entre su escaso ramaje una imagen del rostro de la Virgen. Junto al tronco, protegido por una verja de forja y adornado con un cuidado seto de boj, un buzón aguarda las peticiones a la Virgen.

“Es el mejor lugar donde puede estar enterrada, porque en otro algún desaprensivo podría expoliar la tumba”, opina uno de los seguidores del movimiento, que ejerce de cuidador del lugar. Viene desde Portugal, al igual que su hermana, una de las 80 mujeres que se encargan de cuidar a los ancianos en las residencias de la Fundación. Lo cuenta, mientras enseña orgulloso fotos de los albergues en los que atienden a unos 100 ancianos.

El visitante se va cargado de estampitas de la Virgen, folletos y una fotocopia de dos decretos del Arzobispado de Madrid de 1994 por los que se otorga al movimiento el carácter de asociación pública de fieles y de fundación autónoma pública de la Iglesia. Es una forma de acallar las voces críticas y dejar claro que cuentan con los parabienes de la Iglesia, a pesar de que no han logrado todavía que se les reconozca el carácter sobrenatural de las apariciones.

El grupo de IU del municipio considera que existe “una negligencia clarísima del Ayuntamiento”: “La tumba ya se debería haber trasladado de lugar”, afirman. Al mismo tiempo, recuerdan que la licencia concedida a la capilla que existe en la misma finca es para una obra “provisional”, algo que ponen en duda que suceda y por lo que varias asociaciones e IU han interpuesto una demanda.

Además, el terreno donde se ha construido está clasificado como “no urbanizable, de especial protección de grado 1”. Esta normativa implica que se debe mantener la cubierta vegetal del suelo y preservarlo por su vulnerabilidad frente a actuaciones o impactos. Un mandato complicado de cumplir, en un lugar que recibe miles de visitantes, sobre todo los primeros sábados de mes.

Una comunidad de 40 familias que viven juntas

La Virgen empezó a hablar por boca de Amparo Cuevas el 14 de junio de 1981. Eligió un fresno situado en la finca Prado Nuevo en El Escorial. Fue el inicio de un movimiento que levanta pasiones, tanto a favor como en contra. En 2002, los supuestos mensajes divinos finalizaron.

A lo largo de los años, Cuevas fue sumando seguidores hasta llegar a los 100.000, que la Fundación asegura tienen repartidos por todo el mundo. En la actualidad, gestionan cuatro residencias de ancianos en Soria, Burgos, Griñán y El Escorial, que forman parte de su obra social.

Pedro Besari, portavoz del movimiento, explica que surgieron por “el empeño de Amparo y un grupo de personas que perseveramos en vivir como los cristianos primitivos”. Para mantenerse ponen sus bienes y los ingresos que obtienen por su trabajo en común. Lo que sobra después de pagar los gastos de la comunidad, “se cede a la obra social”. La financiación se completa con las donaciones de otros simpatizantes. Besari recuerda que existen beneficios fiscales al mecenazgo y al patrocinio.

Para canalizar estas ayudas, la organización ha creado varias fundaciones. La principal es la Fundación Benéfica Virgen de los Dolores. Los ingresos provienen sobre todo de los inmuebles que donan los particulares. Besari puntualiza que rinden cuentas todos los años, y que “todo está completamente controlado”. “Me hace gracia cuando leo informaciones con todo lo que tenemos, porque se olvidan de los préstamos y las hipotecas que tenemos que pagar, si contáramos con el dinero no pediríamos más”, asegura.

La Comunidad está formada por más de 80 hermanas reparadoras, que aunque visten de hábito no son monjas. “Son mujeres que se consagran al Señor”, aclara Besari. También cuentan con jóvenes que “se entregan al Señor a través del trabajo y del ingreso en el seminario”. La comunidad se completa con cerca de 40 familias que viven juntas en “casas grandes” con sus hijos.

Detrás de esta forma de actuar, la Asociación de Víctimas de las Apariciones ve una secta que se aprovecha de personas a las que separa de sus familias. Juan Carlos Blanco, presidente de la Asociación, pone de ejemplo el caso de su hermano, un agricultor al que captaron hace ocho años. “Mi hermano tenía visiones, se topó con ellos y vendió todas sus herramientas”, relata. En su opinión, lo que necesita es tratamiento médico “y cuanto más tiempo pase es peor”.

FUENTE: EL PAIS

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