El deporte cumbre del Guadarrama

El Parque Nacional del Guadarrama ofrece un abanico inmenso de actividades: senderismo, montañismo, bicicleta, parapente… pero hay una, para los expertos en la materia, que es realmente la joya de la corona. Se trata de la escalada. Y es que el Parque es “la tercera escuela del mundo” con más vías para desarrollar esta actividad deportiva: unas 2.300. “Eso para Madrid, que tiene unos 10.000 escaldores, es un lujo”, explica Carlos Fernández, gerente de la Federación Madrileña de Montañismo.

En el parque se pueden practicar todas las modalidades de escalada, clásica, deportiva, en hielo, mixta y boulder y al tener tanta afluencia, la Comunidad de Madrid, junto a la Federación, está desarrollando un programa de revisión y reequipación de los anclajes, vitales para los practicantes de este deporte.
Las vías, divididas por grados de dificultad -de V hasta 8c+-, van desde los 10 a los 200 metros de altura, y en algunos casos los anclajes, donde luego se anclan los mosquetones por los que circula el imprescindible cordaje, se han quedado obsoletos. Y es que -seguramente les sorprenda- la escalada se practica en el Guadarrama desde hace cien años.
“Parte del trabajo que realizamos es recuperar y quitar ese anclaje y cambiarlo por uno de acero inoxidable que garantiza el peso para que si se realizan las maniobras correctas, se pueda hacer el itinerario con total garantía de seguridad”, asegura Fernández mientras realiza esta operación junto a Tino Nuñez, especialista de la Federación, en una de las paredes de granito de La Pedriza, muy valoradas por los escaladores por su especial adherencia.
En algunos casos los anclajes que se cambian “son de los años 60 y 80”. “Actualmente un tercio de los anclajes están obsoletos y ofrecen resistencias menores de 500 kilos. Ahora trabajamos con resistencias de entre 2.000 y 3.000 kilos para garantizar la seguridad”, señala Nuñez, que suele usar anclajes que duran unos 30 años y que no crean impacto ambiental -las piezas se oxidan a los dos-tres años y cogen un color parecido al de la piedra-. Para realizar las perforaciones se usan taladros especiales de gran potencia.
Dentro de este plan estratégico, la Comunidad y la Federación también tratan de evitar la proliferación de vías nuevas de forma indiscriminada para evitar daños en la biodiversidad del parque. El cuidado del medioambiente y la seguridad son las máximas para los escaladores. De hecho, bromea el gerente de la federación, el mayor riesgo de la escalada “es coger el coche para venir hasta aquí”.
Pero no es todo tan sencillo. “Desde la Federación y el parque aconsejamos que haya también una formación mínima basada en cursos de iniciación y perfeccionamiento; el anclaje no ofrece suficiente seguridad por si misma”, señala Nuñez, para el que no existe otra actividad deportiva como esta: “Es que aporta sensaciones que no tienen otros deportes, como el contacto directo con la naturaleza, el esfuerzo físico y la satisfaccion de la actividad en sí; es que el escalador medio no busca una sensación de riesgo”.
Curiosamente, los escaladores muchas veces se convierten en aliados de la conservación ya que muchas veces, en sus ascensos, hallan nidos de especies de especial interés, y son los primeros que avisan a los vigilantes del Parque para la veda de forma preventiva de esa vía durante el tiempo de cría. Un quid pro quo: los montañeros agradecen así al parque la magnificencia que les ofrece.

No en vano, el macizo de Peñalra es un emblema del montañismo, donde se han formado los mejores alpinistas (también invernales) y escaladores. Uno de los puntos más deseados por los escaladores es sin duda el majestuoso Yelmo, con 1.717 metros de altura, el Risco de San Pedro o La Tortuga. Por todo ellos, desde la dirección del Parque se trabaja con ellos codo con codo además de con otros especialistas en el resto de actividades para regular el uso de este pulmón madrileño.
“Es que el Guadarrama es la referencia de la naturaleza de los madrileños, su corazón”, razona Pablo Sanjuanbenito, el director del Parque Nacional, que pese a ser milenario tiene menos de un año con la catalogación suprema: Nacional. “La Ley del parque nos encomienda que hagamos un plan de uso y gestión, y para instalar las normas, junto con Segovia, queremos hacerlo de forma participativa, que haya un proceso de participación pública con la sociedad y los expertos”. Trabajar juntos para poder disfrutar de un parque que es propiedad de todos.

FUENTE: EL MUNDO

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