Mulas contra el fuego

Romerales y Moro se afanan en arrastrar unos maderos calcinados. Quijada con quijada, empujan y empujan. Unos metros más arriba, en medio de un monte yermo, un páramo de yesca que el 27 de agosto ardió víctima de la inquina de unos pirómanos, Estudiante y Conejo, otra pareja de mulos, tiran y tiran de unos troncos, se dejan el lomo con una resignación infinita, mientras un operario les anima cariñosamente cuchicheándoles mensajes al oído. “Alé bonito, dale fuerte, muy bien chaval”.

Son los héroes anónimos de las tareas de reforestación, que han comenzado hoy, en la zona cero que dejó el peor incendio en décadas de la región. De la tormenta de fuego que arrasó 1.546 hectáreas entre Robledo de Chavela, Valdemaqueda y Santa María de la Alameda, en la sierra Oeste de Madrid, pelea por volver a ser lo que fue, por recuperarse cuanto antes del atentado ecológico que prendió unos de los parajes más recónditos y bellos de la Comunidad.

El incendio, intencionado y pensado al detalle, con varios focos que prendieron a la vez con la ayuda de un acelerante, dejó una tierra quemada, hecha cenizas. “El primer paso de las tareas de reforestación pasa por compactar el suelo, de ahí que nos estemos ayudando de mulas para crear una especie de terrazas, con troncos y ramas como barreras naturales, en las laderas afectadas. De esta manera evitamos que haya desprendimientos de suelo por la lluvia. Además, esa superficie vegetal hay que aprovecharla, que a fin de cuentas sirve de abono, tiene nutrientes”, explica sobre el terreno, bajo un ligero orbayu, el consejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, Borja Sarasola.

A su alrededor, un grupo de trabajadores acarrean arbustos o construyen una zanja por la que irá un curso de agua que, ladera abajo, formará unas charcas para que los anfibios remonten su vida. La actividad aumenta con la presencia de los políticos. “En mi discurso del debate de investidura me comprometí con un plan de reforestación para la zona. Hoy empezamos la primera fase: limpiar el suelo para evitar que las lluvias arrastren los restos”, expone el presidente de la Comunidad, Ignacio González, que cifra en 1,5 millones de euros el presupuesto para recuperar el monte, cofinanciado con 713.000 euros por el Ministerio de Medio Ambiente.

“Ahora mismo se está limpiando el suelo para evitar su erosión. Luego, cuando llegue la primavera, se acometerá la siguiente fase, que consistirá en reforestar aquellas zonas que no se hayan regenerado naturalmente”, añade el alcalde de Valdemaqueda, Álvaro Santamaría. “Los trabajos son manuales, no se puede meter maquinaria pesada para respetar al máximo la superficie vegetal”, interviene González. “Qué panorama… Pero se arreglará”, reflexiona el regidor de Robledo de Chavela, Mario de la Fuente, que no olvida “los animales corriendo entre el fuego, escapando de las llamas, enloquecidos”, el infierno en la Tierra de hace ya dos meses.

La perspectiva, una vez pase el invierno, es que se tengan que repoblar unas 500 hectáreas, un tercio de las 1.546 heridas por las llamas. “Hay árboles, como los pinos, que aparentemente, por fuera, parecen que están bien, pero que igual han recibido un golpe más duro de lo que parece a través de la resina”, apunta un técnico. “Este Gobierno tiene un compromiso con el patrimonio natural y con las generaciones presentes y futuras, para que podamos y puedan disfrutar de lo maravillosa que es la naturaleza”, concluye González. A lo lejos, Romerales y Moro suben y bajan la colina.

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