SIGUIENDO EL CURSO DEL ARROYO.

Crónica de la excursión del AMPA al arroyo de las Chorreras.

Domingo 14 de marzo, 10.00 AM : ¡Sorpresa!

Un grupo de unas 60 personas, la mayoría menores se concentran en las inmediaciones del colegio aguardando la foto de grupo y las primeras instrucciones para marchar hacia el arroyo de Las Chorreras.

Poco a poco el cuerpo se va desperezando y sumándose al ritmo que el grupo va marcando. Atrás dejamos el asfalto para adentrarnos por el camino de Navahonda rumbo a nuestro destino, el Arroyo de Las Chorreras.

Enseguida, llega la primera parada técnica. La presencia y compañía del sol empieza a notarse en nuestros cuerpos y no nos abandonará en los restantes 5 kilómetros que caminaremos. Se nos informa de que entramos en zona ZEPA, ya sabéis “Zona de Especial Protección de Aves” y se nos invita preguntar a John en todo lo referente a las aves.

¿Y quién es John? Pues un amigo, inglés, y, vecino también de Fresnedillas de la Oliva.  Y aunque su hija y su hijo no  van al  colegio público de San Bartolomé, tenemos el placer de su  compañía y de poder compartir, junto a Leticia, su mujer, su pasión y sus conocimientos de la naturaleza y, en especial, de las aves que la habitan.

También se hace referencia a la dehesa de Navalquejigo preguntándonos porqué siendo del término municipal de Fresnedillas pertenece a Zarzalejo. En este tema es Juan quien nos relata la historia. Resulta que a principios del siglo XX, una marquesa dueña de las tierras las puso en venta. Puesto que estaban en el término de Fresnedillas se las ofreció al alcalde, que junto con los concejales y algunos vecinos se reunieron en una casa a tratar el tema, ya que no disponían del dinero suficiente. Sucedió que en la casa, que por cierto, era en la que hasta las obras del nuevo ayuntamiento se guardaban los cencerros en el día de San Sebastián; como decíamos, sucedió que allí dormía un cabrero que era de Zarzalejo y que oyó toda la historia. En cuanto pudo, se fue corriendo a su pueblo y advirtió al alcalde, el cual juntó dinero de los vecinos y dinero del pueblo y del banco, pagándole en mano a la marquesa el importe de la finca. Esta cerró la venta para el pueblo de Zarzalejo. Ocurrió que el pueblo no pudo devolver la deuda y el Estado se quedó con dos partes de la finca, siendo la tercera en la actualidad propiedad de Zarzalejo.

Entre encinas y enebros, algún que otro gran ejemplar de pino, avanzamos buscando el curso del arroyo. Aparece majestuoso, cargado del agua caída en días de nevadas y lluvias copiosas que han caído durante el largo invierno, que parece que se aleja dejando paso a la primavera.  Junto a la orilla del arroyo, encima de las piedras, o en una pequeña explanada nos vamos haciendo un hueco para saciar el apetito y saborear las ricas pitanzas que albergan las pequeñas mochilas. Se inician espontáneamente los juegos en pequeños grupos o en solitario, con el agua como protagonista.

Un grupo numeroso va en búsqueda de las cascadas, pero una valla ganadera nos impide el paso. Damos media vuelta regresando donde el resto del grupo iniciando el camino de vuelta, siguiendo arroyo arriba su trazado sinuoso, sorteando jaras, espinos y grupos de granitos disgregados. De fondo, la algarabía de pequeños y mayores, contentos por la soleada mañana y la alegría de nuestros sentidos estimulados por la vida tras el largo invierno.

También se escuchan pequeñas y grandes historias de aquellos niños y niñas que crecieron en Fresnedillas hace años y hoy vuelven a caminar por la Dehesa de Navalquejigo con su prole.  Y lo hacen disfrutando como padres o madres, desempolvando quizá, o madurando tal vez, el mismo espíritu de aventurero con el que hoy acompañan a sus hijos e hijas, participando en sus juegos de exploración, fundiéndose poco a poco y con mucho, mucho  respeto con el entorno privilegiado.

Y para cuando nos quisimos dar cuenta, emprendíamos el camino de vuelta para llegar casi a la hora en punto a la finalización de la excursión, a conquistar nuestra plaza del pueblo, a eso de las dos y media. Ya no se escucha el agua siguiendo su curso sino el relato animado de nueva aventura, de compartir con otras personas el recorrido experimentado esa mañana soleada de domingo.

Y lo hicimos con la mochila llena de ilusión, de los hallazgos recolectados (huesos de todo tipo, hojas, piedras, piñas, varas, botas y  zapatos mojados..) y, lo mejor, imaginando y planeando nuevas aventuras.

Familias del  colegio público San  Bartolomé no queremos finalizar esta crónica sin dejar de compartir lo siguiente:

–         Tenemos un entorno privilegiado.

–         Tenemos unos hijos e hijas que están creciendo saboreándolo. Y  lo hacen porque desde la educación que están recibiendo hay una intención y un esfuerzo  de  que así sea. Y en este sentido, nuestra enhorabuena al equipo docente y a vosotras familias que en vuestro esfuerzo por transmitir valores y aprendizaje de hábitos, primáis el respeto al medio ambiente, entre otros.

–         A quiénes no pudisteis participar, os echamos de  menos y a quienes estuvisteis, gracias por vuestra presencia.

Desde el AMPA una vez más, nos hacemos eco de vuestras propuestas, de vuestras sugerencias, de vuestras críticas y nos ponemos manos a la obra a preparar la próxima salida al campo.

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