Si el clima fuese un banco, ya lo habrían salvado

Greenpeace condena hoy enérgicamente la arrogancia de los jefes de Estado de los países más poderosos del mundo por haber presentado un “ultimátum” en la cumbre climática de Copenhague. Aunque el Acuerdo de Copenhague está siendo denominado por algunos como un paso adelante Greenpeace considera que no lo es. De hecho, ni siquiera ha sido formalmente adoptado por la Conferencia de las Partes (COP). No contiene medidas firmes para reducir las emisiones en los países en desarrollo. Es una gran concesión a las industrias contaminantes, especialmente en el sector de los combustibles fósiles, que han estado presionando para debilitar el acuerdo y ahora tienen licencia para continuar emitiendo gases de efecto invernadero.

Activistas de Greenpeace, entre los que se encontraba el director de Greenpeace España, Juan López de Uralde, consiguieron introducirse en el convoy de coches que llegaban a la recepción oficial de una cena, a la que estaban invitados 120 jefes de Estado y la Reina de Dinamarca. Con una pancarta en la que leía: “Los políticos hablan, los líderes actúan”, los activistas han llevado este mensaje a los presidentes y primeros ministros. Juan López de Uralde permanecerá en prisión preventiva hasta el 7 de enero.

Otra de las frases célebres que deja la Cumbre de Copenhague es: “Si el clima fuese un banco, ya lo habrían salvado”, coreada por los manifestantes ante las puertas de la sede de la cumbre y después utilizada en su discurso por algún presidente.

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